domingo, 7 de agosto de 2011

Sudocus bajo el naranjo 1


                                              Sudokus bajo el naranjo 1

Últimos días de abril. El naranjo del patio, corral en lengua llana, está pleno de azahar  y  me tumbo en la hamaca a su sombra para pasar el rato rellenando sudokus de forma casi automática. Los pétalos de la flor se ciernen sobre mí y mi cuaderno. Lluvia de azahar oloroso que agradezco y espero sea  fructífera . En pocos días serán pequeñas naranjas las que se cernirán sobre mí, porque el árbol no las puede cuajar todas. Después vendrán los calores veraniegos, pero yo seguiré tumbándome en la  hamaca a la sombra del naranjo para rellenar sudokus y dejar  vagar mi mente de uno a otro pensamientos, a su capricho. Yo indolente.

Ahora recuerdo las apreciaciones que en el muro de Cástor “La Ventisca”, se hicieron sobre el número de pensamientos y el silencio. Busqué y leí distintas posiciones filosóficas sobre el pensamiento y el pensar; finalmente recurrí al Ferrater Mora para intentar sintetizar. No sé si merece la pena lo conseguido, pero al menos  me entretuve unos días.

 Como lo tenía poco claro, me he quedado al final con la posición más simple:  El pensamiento es la acción de pensar y es único.  A l hablar del  número de pensamientos,   interpreto que nos  referimos al número de objetos, de la índole que sean, a que atiende nuestro pensar.  Sé del peligro de las simplificaciones que nos llevan muchas veces a decir obviedades ,  si no sandeces. Sé que las cosas no deben ser tan sencillas. ¿O sí lo son y nosotros las complicamos por petulancia?. Quizá así el yerro sea menor. Uno no da para más  ¡Qué le vamos a hacer ¡

¿Qué puedo decir del silencio? Todos los enfoques que exponíais los hago míos, pues no son contradictorios. Diría el clásico, que todos están muy en razón.

Me acojo a la definición lingüística del ruido como todo aquello que dificulta la comunicación. Me atrevo a aplicar el concepto a nuestro pensamiento, en el sentido de todo lo que distrae nuestra mente de ahondar en el objeto que nos absorbe. Este concepto de ruido subsume el ruido físico, pues no cabe duda de que también dificulta la comunicación; y el ruido de los prejuicios, de mayor entidad, pues dificultan la ecuanimidad de nuestras apreciaciones.

 En el corral el silencio es notable, aunque a veces se oye vocear a “la” Damiana (sin artículo no es ella) que riñe con  Hermógenes, su marido, quien le contesta en el mismo tono; pero sin ellos, después de cuarenta años, el corral sería otro corral. A pesar de sus voces, no rompen mi silencio.
A mí me gusta el silencio, pero no callar. Me imagino la tortura del monje  que  ha de  estar en silencio para no romper le regla, no como camino hacia la soledad. Creo que esa es la justificación del silencio: LA SOLEDAD.

La soledad no es para mí la falta de compañía, eso es estar solo. Solitario es aquel que le gusta estar solo, y esto es  una circunstancia personal.  LA SOLEDAD a que me refiero no es la del solitario. Es esa otra soledad espiritual  en que se encuentra la persona ensimismada buscando el sentido de la propia existencia. El montañero, en el nevero inmenso, debe sentir una soledad muy parecida a la que me refiero. Desconoce qué va a encontrar al final. Duda cómo y hacia dónde encaminar sus pasos. Ni siquiera sabe si llegará a encontrar algo.

Se puede amar la soledad; pero es terrible esta soledad cuando se busca y no se encuentra el trasmundo, Dios. Sólo se puede mitigar con la esperanza.

lunes, 1 de agosto de 2011

Sudokua bajo el naranjo 2


                                        
     Sudokus bajo el naranjo  2                     

Bajo mi naranjo ha llegado el ruido del campeonato de fútbol y se me ocurre una “comparativa al respective”, como diría el Hermógenes, con mi propia vida. El año pasado, con motivo de la pancreatitis que soporté, terminó el tiempo normal del partido y ahora estoy en la prórroga. No sé si de  ésta habrá que jugar dos partes, o si habrá que recurrir a los penales. Es mi intención aguantar todo lo posible procurando no dar la lata a quienes me rodean y esperar, esperar, esperar… ¿ QUÉ

El problema que se me plantea es el de por qué a mí se me ha concedido esta prórroga. Según tengo el momento y el punto de mira cuando pienso, me pregunto qué mérito o demérito  hay en mí para que haya ocurrido tal cosa. Termino dando por válida la idea de que la suerte me hizo nacer en un país con un cierto nivel médico. Pero, ojo. No desprecio, sino que estoy de corazón agradecido a todas las personas que me han dicho que pidieron a Dios por mí, y a quienes simplemente me recordaron.
Siguiendo mi cavilación pienso en que  el partido de la vida es más largo en los países avanzados que en los atrasados. No tienen parangón la vida media de un hombre, y menos la de una mujer, de un país rico con la de otro pobre. No quiero creer que Dios lo tenga proyectado así. Sería un mazazo a la pobreza evangélica. A no ser que Dios quiera premiar antes con el cielo a los pobres (¡ Puñetera mordacidad!), por aquello de la dificultad del rico para pasar por el ojo de la aguja.
Repasando este sudoku me encuentro hoy, ocho de agosto, una crónica en el diario “El Mundo” sobre CALTON, un suburbio de Glasgow donde la vida media es de 53 años. No hace falta explicar que la pobreza es endémica y va asociada al alcoholismo, a las drogas y demás jinetes de la apocalipsis moderna. Esto reafirma más mis dudas. Será más preciso decir,  que la diferencia está entre gentes ricas y pobres , que entre países avanzados y atrasados.
De cualquier forma es pera pensarlo. Me queda la esperanza